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Desalojo del edificio Madrid, el pasado mes de abril / AGC

13 de las familias desalojadas del edificio Madrid llevan desde el 29 de abril alojadas en un hostal de la localidad

Si algo parece haber caracterizado el desalojo del Edificio Madrid de Collado Villalba, ocurrido el pasado 29 de abril, es la imprevisión. Ese día un centenar de efectivos de la Guardia Civil pusieron en la calle, sin previo aviso, a las más de 150 personas que okupaban el bloque. Entre los afectados había algunos grupos de jóvenes que habían alterado notablemente la convivencia en la zona con fiestas, peleas o borracheras, pero también otro colectivo muy distinto, familias con hijos pequeños o personas con graves problemas económicos por falta de trabajo, que no tenían donde refugiarse y solo deseaban vivir en paz sin molestar ni ser molestados, sufriendo también las consecuencias del incivismo de los otros okupantes.

La orden judicial no distinguió y significó el desalojo de todos. Más de dos meses después, 13 de esas familias con hijos siguen viviendo en un hostal de la localidad, en espera de que el Ayuntamiento termine de acondicionar los pisos que prometió, en régimen de alquiler social, para que puedan optar a la oportunidad de darle una vida digna a sus hijos.

Otros afectados, como una mujer de 44 años, enferma, sin trabajo y sin derecho a subsidio, o una madre con un bebé de apenas unos meses, sin papeles, han sufrido peor suerte. La calle en el primer caso -un lugar abandonado, sin luz ni agua corriente- o el sofá del salón de sus padres, en el otro, en una vivienda ya de por sí masificada.

Otra madre, con un hijo de unos diez años, nos cuenta también otra historia de desesperanza, marcada en su caso por no tener papeles, lo que la convierte en invisible para la sociedad, pero especialmente para el mercado laboral, la sanidad o los servicios sociales, por lo que su hijo no tendrá este verano el derecho a acceder al comedor social de los campamentos escolares ofertados por la alcaldesa de Collado Villalba. Esta persona vive de la ayuda de Cáritas y aprovecha este medio para agradecerles el apoyo prestado.

Billete de ida a Alcalá de Henares

Por su parte, la mujer que vive sola nos cuenta que trabajó durante muchos años pero las puertas del mercado laboral se han cerrado ya para ella, por su edad. Vive sin luz, ni agua y sueña con una ducha. Solo pide “que pueda vivir como una persona”. Y se queja de que quienes decretaron el desalojo del edificio Madrid “no pensaron en las consecuencias de dejar en la calle a tanta gente sin darles una solución”. Solución que en su caso venía dada por pagarle una pensión en Alcalá de Henares durante un par de días sin billete de vuelta.

Aunque ya se han firmado todos los contratos, los pisos no se encuentran en condiciones y el Ayuntamiento sigue pagando, desde hace más de dos meses, el alojamiento para unas 30 personas -13 familias- en un hostal de la localidad. A pensión completa, según señaló la alcaldesa, Mariola Vargas, durante el pasado Pleno ordinario de junio. Pero las familias se quejan del trato que están recibiendo en su hogar provisional y solo desean que llegue el momento de acceder a sus viviendas, por las que pagarán un alquiler social de entre 90 y 150 euros, dependiendo de su situación económica.

El principal problema para ellos es la alimentación. Algunas madres explican a Villalba Información que la comida que les sirven diariamente “no se la comerían ni los perros”. Básicamente, su dieta durante dos meses ha consistido en bollería industrial para desayunar y filetes con patatas fritas para comer y cenar, lo que consideran muy poco adecuado para los niños y les está causando serios problemas de obesidad.

“La primera semana nos sirvieron comida decente, como a los demás huéspedes, pero a partir de ahí debieron darse cuenta de que íbamos a estar más tiempo del que ellos pensaban y la cosa cambió radicalmente. Se ve que están deseando que nos vayamos, pero el Ayuntamiento está pagando por nosotros y deberíamos recibir un trato digno hasta que podamos ir a nuestras casas. Los niños solo se alimentan de fritos para comer y para cenar. Sufrimos otros muchos desprecios, no entiendo por qué nos tratan de esta manera”, cuenta una de las madres afectadas, que pagará su alquiler social limpiando casas.

El Ayuntamiento ha pagado las fianzas de las viviendas a precio de mercado

Sin embargo, algunas familias, a pesar de haber firmado los contratos, no disponen de las llaves. En otros casos las viviendas, aunque cuentan con vitrocerámica, no tienen otros enseres básicos como frigorífico o lavadora. Tampoco pueden bañar a los niños por que la mayor parte de los pisos no tienen dado de alta el gas. Muchos de sus enseres se quedaron en el edificio Madrid. Aunque pudieron entrar a recogerlos tras el desalojo, gracias a la mediación de un abogado, no disponen de sitio en el hostal para guardar sus pertenencias o electrodomésticos más voluminosos.

La alcaldesa, por su parte, explicó durante el pasado Pleno ordinario que “la entidad propiedad del edificio Madrid (Bankia) puso a disposición de este Ayuntamiento una serie de viviendas para todas aquellas familias con menores a su cargo, que son las que por Ley debemos asumir su cuidado. Puesto que el único riesgo de exclusión social que presentaban esas familias era el económico y no parecía lo más adecuado enviar a esos menores a un centro de acogida, aceptamos esta serie de viviendas que la propiedad pone a disposición del Ayuntamiento a precio de alquiler social”.

Mariola Vargas señaló que el Ayuntamiento se ha comprometido a pagar las fianzas de las viviendas, en este caso a precio de mercado, y a dar de alta los suministros “puesto que los propietarios nos contaban que tienen dificultades a la hora de dar de alta los contratos, por que en muchos casos acarrean deudas anteriores” y las compañías se niegan. El alta de estos suministros está llevando mucho tiempo y complicaciones aunque afirma que los técnicos municipales se han comprometido a “acelererarlo todo lo posible”.

La regidora reconoció que las viviendas, que en algunos casos llevaban mucho tiempo desocupadas, presentaban una serie de deficiencias o de necesidades de arreglo que ha acometido la empresa, por ello “nos ha llevado un tiempo hasta que se han puesto las casa en forma”. Vargas admitió durante la sesión plenaria que las familias podrían cocinar, porque todas las casas disponen de vitrocerámica, pero las familias nos cuentan que, excepto en un caso, o no han podido acceder a las viviendas o éstas no tienen frigorífico.

Por el momento, parece que les tocará seguir alimentándose de las patatas fritas del hostal.