Los ciudadanos del siglo XXI, y cuanto más urbanitas peor, parecen dar por sentado que todo se puede controlar. Pues no, y menos las fuerzas de la naturaleza. Ni siquiera se pueden prever con la exactitud que demanda nuestro modo de vida.

Cuando nieva, nieva

Pregunten a la gente mayor que tengan cerca, para darse cuenta de dónde tenemos la suerte de vivir. Villalba está a casi  mil metros de altitud sobre el nivel del mar, cien metros más alto que Reinosa (Cantabria).

La nieve, por desgracia y a consecuencia del cambio climático cada día más evidente, ahora es un acontecimiento excepcional. Antes era el día a día del invierno y no había un San Sebastián que no se celebrara de blanco.

Entonces no había problemas, porque casi nadie tenía coche y el pueblo se adaptaba fácilmente. Ahora hemos construido una ciudad en la que no sabemos movernos en días como hoy.

Lo primero que hay que darse cuenta es que la nieve cae como, donde y  cuando quiere. Podemos estar, como en esta ocasión, en alerta 24 horas  sin que pase nada. Y, de repente, nevadón en menos de una hora.

Cuando la nieve cae muy intensamente en poco tiempo (recordar enero de 1996 o la Nochevieja de 1998), no hay quitanieves capaz de limpiar tan rápido, ni se puede tener una para cada kilómetro de carretera. En unos minutos puede ocurrir que un coche ya no pueda moverse sin  cadenas. Cuando pasa esto y no hay un coche sino miles (Nochevieja de
1998 en acceso a los túneles de Guadarrama), las quitanieves se ven atrapadas entre los vehículos que no pueden moverse y los vehículos no pueden moverse porque no llega la quitanieves. La única solución a esto es simple, repetida mil veces y pocas escuchada: si vives en la  Sierra de Madrid: las cadenas en el coche, desde el puente de Todos los  Santos hasta el del 1 de mayo, y si viajas por aquí, también.

No se pueden desoír las recomendaciones más básicas y luego pretender que nos saquen del atasco con una varita mágica. O nos vayan a buscar donde no deberíamos estar por pura prudencia.

Otro asunto es los accesos a las miles de urbanizaciones y viviendas alejadas de los cascos urbanos, en laderas y zonas altas, dispersas…  En Villalba el ejemplo más claro es la zona de Fontenebro y Altavista,  donde, además, por la diferencia de altura (casi 100 metros) puede estar cubierto de nieve mientras en el Gorronal sólo esta lloviendo.

Nadie en su sano juicio pediría que existieran medios materiales y humanos suficientes como para limpiar al mismo tiempo toda la ciudad,  no habría recursos públicos para nada más. Por lógica hay que establecer prioridades, vías principales, accesos a centros sanitarios y escolares, estaciones de tren y autobús, etc. Lo que no se puede hacer (y se hace mucho) es llamar indignados a la Policía Local porque no podemos sacar el coche del garaje o la quitanieves no ha pasado
justo por nuestra calle.

En primer lugar, porque, por ley, los accesos a garajes y urbanizaciones privadas, los tienen que limpiar los propietarios.
Vamos que si nos entra la nieve en el portal no la tiene que limpiar el Ayuntamiento. Y a veces se exige poco menos que eso.

Y exigir esta bien, todo esto no quiere decir que las cosas se hagan siempre bien o que no se puedan hacer mejor, pero también hay que ser conscientes de nuestra responsabilidad sobre nuestra propia seguridad.  En todos los países del mundo que viven con varios metros de nieve todo el año saben muy bien lo que tienen que hacer y están acostumbrados a darle a la pala y conducir con cadenas.

Tener cadenas y saber usarlas correctamente es imprescindible para vivir en Collado Villalba, si tienes coche claro. Igual que tener un calzado que nos permita movernos sin resbalar o guantes o abrigo. Todos los vecinos pueden recoger sal en la nave municipal, desde hace más de un  mes, para echar en las escaleras del portal o el acceso a su garaje.

Vivir en la montaña es así: es maravilloso; precisamente, porque a veces nieva, entre otras muchas cosas.

 

Graciela García Balbás