Utilizamos el término Utopía como sinónimo de un proyecto optimista e inalcanzable. La novela escrita por Tomás Moro “Libro Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía” nos describe un estado en el que cuestiones que giran en torno a asuntos filosóficos, políticos y económicos, presentan una sociedad idealizada y pacífica en la que priman la libertad y la solidaridad.

Utopía es mi segundo nombre. Algunos me llaman Ilusa, pero a mí me parece más poético el primero, así que éste es el nombre con el que quiero titular mi columna de hoy en adelante. Se llamará “Desde Utopía

Y porqué. Pues porque yo misma vivo en una constante utopía, porque estoy segura de que casi todos me quieren, porque miro con avidez el resultado del cupón de la Once, también espero que a mi vecino se le pase el mal humor, porque estoy segura de que recuperaré mi puesto de trabajo, etc.
Pero algo más serio es para mí Utopía. Ideales inalcanzables por los que cada día luchar. Porque solo creyéndome que se puede cambiar el mundo, me puedo enfrentar cada mañana a un nuevo reto de vivir. Creo que a base de intentar llegar a lo inalcanzable, la meta se puede hacer más cercana. Estimo que la solidaridad es uno de los mayores valores del hombre, querer a allegados y a extraños, compartir y ser generoso con los demás y no solo en cuanto a bienes materiales se refiere, o darse a cambio de nada, son ideales que podríamos convertir en modo de vida.

García Márquez escribía “Dar valor a las cosas no por lo que valen, sino por lo que significan”

En una sociedad en el que más vales cuanto más tienes y cuanto más tienes más quieres, a algunos se les hace difícil respetar conceptos como igualdad. Igualdad que permitiría una repartición equitativa y honesta en el mundo de una riqueza de la que solo gozan unos pocos privilegiados. Queda lejana una justicia social en la que no se marque al individuo por su la raza, creencias u opciones personales de manera negativa.

En Utopía cabe un mundo pacifico, desterrados los egoísmos, las envidias, en definitiva ideales del humanismo, donde nadie esté por encima de nadie, y las oportunidades sean iguales para todos.
Y ahora que alguien me diga que no me llamo Nines Utopía.

Bajando a la tierra y volviendo a mi ironía habitual comentaré que me llamó poderosamente la atención el hecho de que en Utopía la jornada laboral se estipula en seis horas, y no por vaguería o pereza, sino porque se consideran suficientes para gozar de las cosas necesarias para la vida y para la comodidad. Quizás algunos empresarios modernos animados por las autoridades actuales, han querido imitar esta idea incluso mejorándola, reduciendo así el número de horas en los contratos para que los trabajadores puedan gozar más de su libertad aunque ésta sea precaria.
Paréceme que al Rey Utopo no le gustaría nuestra isla.
NINES BARBERO