DESDE UTOPÍA

 

“Ni nos domaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar”

 

Esta frase de Marcelino Camacho al salir de la cárcel después de nueve años, viene a significar lo que el SINDICALISMO, con mayúsculas, fue y ha sido. El líder sindicalista de CCOO resumió sus afanes en un libro que titula “Confieso que he luchado”.

 

Soy sindicalista y he pertenecido al Comité de mi empresa en dos ocasiones. Creo en los derechos y deberes de los trabajadores, en la lucha por lograr derechos legítimos individuales y colectivos. Creo en la sana crítica y en la autocrítica y en un compromiso de respeto de la democracia sindical. Sé que quizás me gane la enemistad de antiguos compañeros, de propios y de extraños, pero no sería honesta si al escribir esta columna no tratara la realidad sindical actual tal como la veo.

 

Sin desmerecer a los actuales dirigentes, añoro a Camacho y a Redondo. Líderes sindicales de una izquierda que supieron plantar cara a un gobierno por estar en desacuerdo con su política laboral social, recuérdense las huelgas generales (1.988 / 1.992 / 1.994).

 

No cabe duda de la honestidad, entrega y buen hacer de la mayoría de los actuales dirigentes, también de aquellos representantes “de a pie” que democráticamente fueron elegidos por sus compañeros en sus empresas o administraciones para tan duro oficio, aunque en algunas ocasiones bienintencionados hayan/hayamos errado.

 

“Medrados estamos” cuando la disfunción de estas honorables tareas se comete porque el individuo llegó a ellas por intereses espurios, o cuando ya instalado en su puesto lo utiliza de forma bastarda en aras de sus propios fines, sean éstos cuales fueren.

 

Detrás de unas siglas hay mucho. No solo millones de trabajadores, son historia viva de nuestro país, de la democracia, una forma de sentir y de actuar. Un compromiso.

Uno está preparado contra la perversión de intereses capitalistas, para el enfrentamiento con el patrón y para la defensa de los ideales. Se está en fin prevenido contra corruptelas y sobre todo contra las presiones, pero qué desilusión al conocer de la frágil honestidad de algunos de los que nos representan.

 

En el ámbito más cercano, nuestras propias empresas, quién no ha topado con alguno de estos personajillos que más que defender trabajadores, medran, que se mueven por simpatías o más bien antipatías personales, causando así grave resentimiento de la propia clase obrera hacia el sindicalismo. Que se olvidaron de que los sindicatos de clase siempre han ido de la mano en aras de una unión que proporcionara más fuerza y que los intereses de sus representados priman ante los suyos personales.

 

Tenemos noticia de cargos eminentes que usaron sus encumbrados puestos, léase Caja Madrid, para hacer abuso de las tristemente famosas “tarjetas black.” De las presuntamente fraudulentas prejubilaciones en Andalucía, caso de los ERE. Cómo justificar que a la vez que los sindicatos defienden a sus miles de afiliados afectados por la Reforma Laboral, planteen ellos mismos Expedientes de Regulación de Empleo entre sus propios empleados.

 

La actividad sindical en Collado Villalba está de actualidad con el caso de los Supermercados Gigante. También su Ayuntamiento, con el ERE que dio como resultado el despido de 39 trabajadores, antes de la imputación de su ahora exalcalde, tuvo su crónica negra sindical, de cuya historia no quiero acordarme. Quizás los tiempos modernos conlleven otra forma de actuación, tal vez el vil metal consiguió prostituir algunos ideales en una sociedad globalizada que los ricos han organizado, no dando cabida para la defensa a ultranza de los derechos de los más desfavorecidos. No sé si unos pocos perdieron por el camino la ilusión.

 

Pero pese a que algunos lo hagan rematadamente mal, otros, la mayoría luchan a diario para corregir la desigualdad social y por la defensa de los trabajadores enfrentándose al gobierno actual del Partido Popular que tantos derechos ha mutilado. Derechos que tanto y tanto costaron conseguir. Mi respeto y agradecimiento para todos aquellos que honestamente día a día se comprometen con el verdadero sindicalismo.

 

NINES BARBERO